sábado, 9 de julio de 2011

Las Cruces Bogotá

El sector de Las Cruces se empezó a desarrollar en la colonia. Originalmente estaba habitado por indígenas y criollos pobres que trabajaban en los chircales. La iglesia Nuestra Señora de Las Cruces fue edificada en 1655 y destruida por el terremoto de 1827.La iglesia que actualmente se conoce, se edificó en la última década del siglo XIX, periodo dentro del cual también se construye frente a ella el parque Las Cruces. Debido a la demanda de espacios para vivir, de habitantes bogotanos de escasos recursos, la arquitectura del barrio sufrió durante los siglos XIX y XX, un proceso de subdivisión masiva que hoy perdura y que se manifiesta en una gran presencia de inquilinatos.
El Parque de Las Cruces (Cr 4 Nº 00-45, localidad de Santa Fe): Este parque es un símbolo del renacer de un sector deprimido de la ciudad, pues fue construido en un lote que en el pasado era sitio de encuentro de delincuentes y pandilleros. Ahora es un 'fortín' del deporte y la recreación.
Desde su creación, en 1997, fue punto clave para el inicio del proceso de recuperación arquitectónico y social del barrio Las Cruces. Cuenta c
on un coliseo cubierto, juegos infantiles, pista de trote, canchas de minifútbol, voleibol, baloncesto.
Cuenta con una gran presencia comercial, manifestada en restaurantes, cafeterías, tiendas, supermercados, sastrerías y calzado. También se encuentran lugares de fabricación y venta de artesanías, imágenes religiosas, trofeos y platería. El desempleo que ronda el 60%, se manifiesta principalmente en jóvenes y adultos mayores de 50 años.
Los principales sitios de interés son: La Parroquia de Nuestra Señora de Las Cruces, La Casa del Tranvía, La Casa donde nació Jorge Eliécer Gaitán, el Convento Sagrada Familia, La Sede Emaús, el Edificio Antiguo Colegio del Rosario, La Sede Corporación Dios es Amor, la Fuente de Agua en el Centro del parque principal.




Los principales problemas o necesidades son el Gran deterioro urbano, El barrio se ve desgastado y poco sano, la Falta de acercamiento de las entidades distritales, Demasiados inquilinatos, los Adolescentes se convierten frecuentemente en padres de Familia, la Falta de fuentes de trabajo, la Estigmatización del barrio arruina oportunidades laborales, la Violencia intrafamiliar, las Lesiones personales, la Inasistencia alimentaria, las Chatarrerías que deterioran el ambiente, los Edificios y obras inconclusas abandonados, las Muchas mujeres que abandonan a sus hijos, bajo el efecto de Alcohol y drogas. La actual Plaza de Las Cruces surgió de un pequeño mercado que se llevaba a cabo los jueves, en una parte del espacio que hoy ocupa la plaza. En él se vendían productos traídos de los pueblos situados al oriente de la ciudad y cada año se celebraban ferias comerciales. A partir de la segunda mitad del siglo XIX empezaron a ubicarse dentro del barrio y principalmente alrededor de la plaza y el parque, pequeños negocios o talleres artesanales. Estos lugares suplían las necesidades básicas de los habitantes del sector: sastres, zapateros, carpinteros, latoneros, tapiceros, ebanistas y peluqueros. Esta construida en la Casa Ullen. El mercado se hacía antes de 1927 en el corazón de la Plaza de las Cruces. En Marzo de 1928 la Firma Ullen & Co. hace su entrega.


Las Cruces era un centro muy importante para las actividades económicas y políticas, ahora el deterioro de la plaza sirve como prueba de estos intereses en algún pasado. A lo largo del camino las personas se encuentran con un interminable crucero de calles, y la decadencia es evidente, pero el pueblo y sus alrededores, parecen llevar a lo largo de su historia con ellos. Las plaza de mercado es actualmente una de las principales entradas económicas del barrio, aunque indiscutiblemente se ve opacada por su reputación y poca seguridad con la que lo reconocen los capitalinos.

Al parecer, los habitantes aún conservan las imágenes del líder del pasado político, Jorge Eliécer Gaitán, como una forma de honrar la memoria de un hijo de los más influyentes de la vecindad en la historia de Colombia. Ha existido un montón de palabras escritas por él, el dicho es que él nació en Las Cruces en 1898. Él era un doctor en leyes y ciencias políticas y fue el jefe de la "liberal" de los partidos políticos, que ocupan importantes figuras en el gobierno colombiano, incluyendo-entre otros-el alcalde de la ciudad y ministro de Educación. Le dio un importante apoyo a las clases socioeconómicas bajas, ganando gran popularidad entre ellos. Después de postular a sí mismo a la presidencia del país, Gaitán fue asesinado en 1948, acontecimiento que provocó probablemente la mayor reacción popular en la historia de Colombia, el Bogotazo.

Después de su asesinato, Las Cruces ha sufrido grandes transformaciones, el barrio se vio afectado por la depresión económica, y algunos dicen que una parte importante de su caída fue la prohibición de la tradicional bebida inca, "chicha", que fue una fuente de ingresos importantes. Ahora, algunos rincones revelan pequeños secretos de la gente que vivió en carne propia la violencia entre los partidos políticos, la muerte de Gaitán y la degeneración de "Los Barrios" de Colombia.

FUENTE PARQUE BARRIO LAS CRUCES DE BOGOTA
Esta situada en el centro del parque de las cruces, carrera séptima con calle segunda junto al iglesia de las cruces, su base es un estanque grande octagonal con una columna en donde hay un estanque hondo y circular de donde nace otra columna y otro estanque hondo y circular mas pequeño que el anterior en donde esta un garza parada con sus alas abiertas mirando hacia atrás.

Es una obra muy bonita pero esta muy abandonada que en su tiempo debió haber sido una obra muy lujosa con su función completa de botar agua de la garza para convertirse hoy en día en un botadero de basuras.

Se dice que antiguamente las personas hacían fila para recoger agua para subsistir y que hace más de 60 años esa fuente había sido una donación de la embajada y el gobierno francés, que salía agua del ave y chorros por todo lado llenando cada espacio hasta abajo.

Que esta fuente antiguamente era de piedra y con el tiempo fue modificada y pintada pero que esta es una copia ya que la original tenia enchapes en cobre pero la gente trataba de robárselos, mas o menos hace 15 años la fuente dejo de funcionar y tenia otras partes que le fueron quitando con el tiempo.

Según el pensamiento de algunos habitantes del barrio este es uno de los objetos que caracterizaba el barrio ya que es uno de los pocos barrios que tiene esa apariencia de pueblo con su plazoleta y su escultura en la mitad perteneciente solo a este.

lunes, 27 de junio de 2011

EL ULTIMO…

Quiero mandar a la mierda todo quiero respirar de nuevo sin sentir compasión quiero soñar gritar y volar no dejar nada que me ate al pasado solo vivir el futuro dejar el dolor atrás y reír solo reír.
Te quiero olvidar y no entiendo el por que no puedo, te quiero borrar y por mas que creo que ya esta mas te recuerdo, vete olvídame deja de soñar en mi olvida mi corazón borra mi mente y arranca mis labios.
Enséñame a vivir otra ves, enséñame amar sin volver a llorar ríe lejos, se feliz pero dame el remedio al dolor, a esta estaca que hay en mi pecho que no quiere salir, que cada ves esta mas adentro DEJAME SOÑAR YA NO QUIERO LLORRAR.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Quinta de bolivar

Su historia se remonta a 1670, cuando el bachiller Pedro de Solís y Valenzuela donó a la ermita de Monserrate 100 varas
castellanas de tierra, ubicadas en el sitio llamado La Toma de la Aduana. En 1800, el capellán de Monserrate, José
Torres Patiño, vendió el predio por la suma de $120 al contador principal de la Renta de Tabaco de Santafé, don José
Antonio Portocarrero. El nuevo dueño construyó una quinta campestre que arregló para agasajar al virrey Antonio Amar y
Borbón en el cumpleaños de su esposa la virreina, doña Francisca Villanova.

De la amistad que don José Antonio Portocarrero profesaba al virrey, o la admiración que tributaba a la virreina, fue
emblema por entonces una alegoría de Cupido que hizo pintar en el comedor de su quinta con la siguiente equívoca
inscripción: “Amar es mi delicia”, palabras que años más tarde habían de ser sustituidas por estas otras: “Bolívar es el
dios de Colombia”.

En el centro está la casa con sus jardines abandonados, sus árboles decrépitos que extienden sus ramas y sus sombras
sobre los corredores solitarios y los salones en ruinas, donde en otros días resonaron músicas voluptuosas, en noches
de festines sorprendidos por la aurora; con su chimenea de mármol blanco, en el gabinete de la izquierda, sobre la cual
se firmó la negativa de la conmutación de la pena de muerte a los ejecutados con motivo de la conjuración de septiembre;
con sus terrazas que sintieron las férreas botas de los libertadores; con su muelle baño, cercado de bajas tapias,
cubiertas antes de enredaderas, y techado por el puro cielo azul; con su esbelto mirador que se yergue sobre la colina,
como un alerta vigía; con sus alcobas, antiguamente perfumadas, que vieron al héroe, de regreso del Perú, pasar
cargado de laureles, y descansar de la gloria en los brazos de rosa del amor; con su espléndido comedor, comunicado
con la sala principal, y con deliciosas perspectivas sobre el patio y los jardines, y donde, en los tranquilos días de la
Colonia, don José Antonio Portocarrero, dueño y constructor de la Quinta, y hombre de mucho gusto y así muy sentido de
todos, departía, agradablemente, de cosas de Gobierno, con Amar y Borbón, su grande amigo, virrey de Santafé, y su
señora esposa, doña Francisca Villanova, la virreina, mientras, delante de los contertulios, en el fondo, aparecía esta
inscripción en letras formadas con las rosas del jardín: “Mi delicia es Amar”.

cornelio hispano, 3.4.1919

El primero de enero de 1810, diez años después de haber adquirido el lote de la Quinta, falleció su dueño y ésta pasó
manos de su hija, Tadea Portocarrero de García del Castillo, cuyo marido hubo de emigrar a raíz de los sucesos del 20
de julio de 1810. Por esta razón, y debido a que los hijos del matrimonio eran aún menores de edad, el inmueble sufrió
descuido y abandono. La familia Portocarrero mantuvo la propiedad hasta el 16 de junio de 1820.

Bolívar en la Quinta

Al finalizar la guerra de independencia, la Quinta estaba a punto de desaparecer por el creciente deterioro que había
sufrido. Tras la victoria definitiva sobre los españoles, el gobierno de la Nueva Granada adquirió la propiedad con el
propósito de obsequiársela al Libertador, "como una pequeña demostración de gratitud y reconocimiento en que se
halla constituido este Departamento de Cundinamarca por tan inmensos beneficios de que lo ha colmado Su Excelencia,
restituyéndole su libertad".

Así reza la escritura, firmada por el gobernador José Tiburcio Echevarría el 16 de junio de 1820. La compra se hizo por
dos mil quinientos pesos. El documento aclara que dicha compra se hacía a nombre del vicepresidente Francisco de
Paula Santander y del Estado colombiano. Allí también se deja constancia de la necesidad de mejorar la finca para
entregarla en condición presentable al Libertador.

Bolívar fue propietario de la Quinta durante 10 años, pero no la habitó mucho tiempo. En 1821 la ocupó por primera vez,
en dos ocasiones que coincidieron con el cenit de su gloria: durante el mes de enero, antes de partir a la campaña final
de independencia de Venezuela, que culminó en la Batalla de Carabobo; y en octubre del mismo año, después

de dicho triunfo, antes de emprender, el 13 de diciembre, la Campaña Libertadora del sur. Durante sus años de
ausencia, entre 1821 y 1826, un pariente suyo, llamado Anacleto Clemente, habitó la casa y la dejó en tan mal estado
que, ante la proximidad del regreso de Bolívar a Bogotá, el 6 de agosto de 1826, Santander le envió una comunicación
donde le manifestaba:

Hice emplear muchos pesos en componer la Quinta que dejó Anacleto arruinada, y aunque no quedará de
gran lujo, quedará de gusto y mejor que nunca.

El 21 de septiembre volvió a escribirle:

Su Quinta se la tengo muy compuesta y decente. Hemos echado mano de sus sueldos viejos atrasados
para que siquiera sirvan para proporcionar un desahogo a quien tanto lo necesita y lo merece. Vergüenza
me diera que usted se alojara como antes y se sirviera de muebles prestados. Juan M. Arrubla me ha
servido mucho en esta operación.

El 14 de noviembre de 1826, Bolívar hizo su entrada a Bogotá, de regreso del Perú. Desde entonces, y hasta su partida
final en 1830, habitó en forma esporádica este lugar que se convirtió en el refugio de sus constantes viajes y del tenso
ambiente político.

En 1828, mientras Bolívar sorteaba las dificultades políticas y el ambiente de la Convención de Ocaña, Manuelita Sáenz
de Thorne llegó a la Quinta. Se habían conocido en Quito, su tierra natal, en junio de 1822, durante el suntuoso baile en
que se festejó el triunfo de la Batalla de Pichincha, y desde entonces surgió entre ambos un profundo amor. Manuelita le
brindó apoyo apasionado e incondicional al Libertador y a sus amigos, de quienes se convirtió en hábil consejera
política. Su presencia transformó la Quinta en lugar de fiestas y reuniones.

La Quinta fue testigo de grandes acontecimientos como la instauración de la Gran Colombia y la culminación de la
Campaña del Sur; de fiestas como aquella en la que se conmemoró el natalicio de Bolívar -celebrado por los contertulios
el 24 de julio de 1828, en ausencia del Libertador- y en la cual se poblaron de tiendas de campaña las colinas
circunvecinas a fin de alojar allí al Batallón Granaderos. Entre los invitados se encontraban el general José María
Córdova y sus edecanes, el doctor Estanislao Vergara, el canónigo Francisco Javier Guerra, el historiador José Manuel
Restrepo y el general Rafael Urdaneta.

También se vivieron en ella momentos críticos originados en los graves sucesos que conmovieron entonces a la
República y en la oposición de los enemigos a las ideas bolivarianas, derrotadas en la Convención de Ocaña. Allí se
refugió después del atentado contra su vida, ocurrido el 25 de septiembre de 1828, y se firmó la negativa a conmutar la
pena de muerte a los conjurados por este hecho.

La sexta y última estadía de Bolívar se produjo entre el 15 de enero de 1830 y el 1 de marzo del mismo año, aunque
desde el 28 de enero ya había regalado la Quinta a su amigo José Ignacio París, conocido por sus servicios a la causa
independentista y por su lealtad al Libertador. La donación, en realidad, fue hecha a su hija, Manuela París, quien, por
ser menor de edad, no la pudo recibir, de manera que lo hizo su padre a nombre de ella, a través de una escritura que
se firmó en el Palacio de San Carlos. La donación se avaluó en dos mil quinientos pesos.