lunes, 16 de enero de 2012

Algo más que Estrellas

Muchos de los edificios de Nuestra ciudad tiene muchas historias que contar y El Observatorio Astronómico Nacional es uno de ellos...

1803-1900

El Observatorio Astronómico Nacional de Colombia (OAN) fue el primer observatorio astronómico construido en América. La edificación se concluyó el 20 de agosto de 1803 en la ciudad de Bogotá. En la actualidad se encuentra adscrito a la Universidad Nacional.La creación del Observatorio Astronómico Nacional fue iniciativa del sabio naturalista español José Celestino Mutis (1732-1808). De hecho fue el primer observatorio astronómico que se construyó en el continente americano. La edificación, (situada en la carrera octava con calle octava), comenzó a construirse en el jardín de la Expedición Botánica el día 24 de mayo de 1802 bajo la dirección del arquitecto capuchino fray Domingo de Petrés. La obra se concluyó el 20 de agosto de 1803. Mutis nombró; como responsable del mismo al abogado y comerciante en telas don Francisco José de Caldas (1771-1816) quien comenzó a realizar observaciones astronómicas y meteorológicas a partir de diciembre de 1805.acultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia.

El OAN ofrece programas de especialización y maestría en astronomía.

Caldas, adicto a la causa independentista, permite que jóvenes criollos (Antonio Nariño, Camilo Torres, José Acebedo y Gómez, Antonio Baraya, etc), conspiradores contra el régimen español, tengan como lugar de reunión los salones del Observatorio. Los trastornos políticos acaecidos poco después del 20 de julio de 1810, obligaron a Caldas a descuidar sus trabajos científicos. Nombrado ingeniero militar con el grado de capitán se dedicó a elaborar mapas y posteriormente a la fabricación de armas para el ejército. En diciembre de 1814,

Simón Bolívar tomó por asalto a Santafé de Bogotá llegando sus tropas a saquear el Observatorio e incluso a tomar como rehén a Benedicto Domíngez, encargado entonces por Caldas al cuidado del Observatorio.
Fusilado Caldas por orden del Pacificador Pablo Morillo, la actividad científica en el Observatorio fue nula.

Este abandono perduró hasta el año de 1823, con la llegada al país de la llamada Misión Boussingault, la cual estaba compuesta de cinco jóvenes científicos extranjeros. La comisión fue iniciativa de Francisco Antonio Zea interesado en solicitar ayuda foránea para incentivar el desarrollo de las ciencias naturales en la naciente república. Boussingault, francés, químico de profesión, realizó en el Observatori Astronómico observaciones meteorológicas.
Desafortunada mente, la apatía de la clase política permitió que la misión se disolviera al cabo de pocos años. En 1827 el Observatorio quedó a cargo d el literato y médico Benito Osorio (1792-1848) quien por un año realizó observaciones meteorológicas. Entre 1828 y 1840 el Observatorio Astronómico estuvo a cargo sucesivamente del abogado Benedicto Domínguez (1783-1868) quien publicó varios almanaques astronómicos; del político y militar Joaquín Acosta (1800-1852), quien realizó medidas meteorológicas, y del botánico Francisco Javier Matiz (1774-1851).

En 1848 el Observatorio Astronómico pasó a formar parte del Colegio Militar, institución creada un año antes por el General Tomás Cipriano de Mosquera para la formación de ingenieros civiles y militares. El Observatorio fue utiliz

ado entonces como aula para las clases de ingeniería. En 1854 acaeció el golpe militar de Melo y con ello el Colegio Militar interrumpió sus labores. El Observatorio quedó abandonado, no siendo otra cosa que una torre vacía; el gobierno la alquiló para usos particulares habiéndose llegado a establecer allí una venta de helados. En 1859 se reanudó la actividad en el Observatorio y es nombrado director el ingeniero mil
itar José Camilo Borda (1829-1866). Al parecer ba
jo este cargo dictó clases de matemáticas y publicó un almanaque. En febrero de 1862 el Observatorio fue ocupado por el ejército del General Leonardo Canal para servir de fortaleza a un cuerpo de tiradores que sostuvo un tiroteo contra la Iglesia de San Agustín. En 1866 fue nombrado director el ingeniero militar Indalecio Liévano (1834-1913). Liévano realizó observaciones de ocultación de estrellas y planetas por la Luna, calculó efemérides y realizó observaciones meteorológicas.

El 26 de mayo de 1867 el Observatorio Astronómico se vio convertido de repente en p

risión- fortaleza alojando como recluso al recién derrocado presidente Tomás Cipriano de Mosquera. Aunque se planeó asaltar la fortaleza por parte de los seguidores de Mosquera con el fin de rescatarlo, dicho asalto jamás llegó a realizarse. Mosquera estuvo recluido
hasta el 22 de noviembre del mismo año, donde partió desterrado hacia el Perú. Geología. Se destacan sus observaciones de estrellas fugaces. En 1867 el General Santos Acosta organizó la Universidad Nacional de Colombia. En febrero del año siguiente el doctor Manuel Ancízar, en su carácter de Rector de la Universidad nombró a José María González Benito (1843-1903) director del Observatorio Astronómico. González Benito dictó en el Observatorio clases de Meteorología, Astronomía, Paleontología y En 1882 apareció el primer número del estudios teóricos y observaciones meteorológicas y astronómicas. Son destacados de las matemáticas de Lobachevsky. Bajo la dirección de Garavito, el Observatorio gozó de una gran actividad científica e investigativa. La tenacidad y el genio de Garavito le permitieron emprender observaciones astronómicas con las cuales logró obtener resultados de amplio contenido científico aún a pesar de que contaba con muy escasos y anticuados equipos. Las guerras civiles definales del siglo XIX y comienzos del XX paralizaron las actividades de algunas facultades de la Universidad Nacional. En 1902, Garavito y otros intelectuales reorganizan la Facultad de Ingeniería, y el Observatorio Astronómico sirve de local y salón de clases para la misma. sus trabajos sobre el cálculo de probabilidades, óptica matemática y el movimiento de la Luna. Su admiración por la mecánica newtoniana lo convierte en un apasionado crítico de la teoría de la relatividad yos Anales del Observatorio Astronómico Nacional de Bogotá, destinado a publicar los trabajos del establecimiento. Desafortunadamente esta publicación completó sólo seis entregas. En 1891 es nombrado

Director del Observatorio el ingeniero Julio Garavito Armero (1865-1920) quien realizó numerosos

1900-2011

Con la muerte de Garavito en 1920 el Observatorio Astronómico entra a una etapa de total inactividad. El entonces presidente de la república Marco Fidel Suárez decidió encomendar el Observatorio a científicos extranjeros desconociendo las capacidades de algunos jóvenes brillantes discípulos de Garavito. La tenaz oposición por parte de la Sociedad Colombiana de Ingenieros a esta ofensa del intelecto y talento criollos no fue suficiente como para que el Observatorio estuviese 10 años completamente inactivo. El local acabó por arruinarse y los escasos instrumentos y libros que quedaron después de la muerte de Garavito se extraviaron en parte y en parte se dañaron. Aunque en 1921 el gobierno designó como sucesor de Garavito a Simón Sarasola, un meteorólogo del Observatorio de Santiago de Cuba, éste sólo se dedicó a las funciones eminentemente meteorológicas fundando el Observatorio Meteorológico Nacional.

Con el advenimiento de Enrique Olaya Herrera a la presidencia del país, se establece el decreto 1806 de 1930 donde se reorganiza el Observatorio y es nombrado como director el ingeniero Jorge Álvarez Lleras (1885-1952) uno de los discípulos de Garavito. Por mandato de la ley 65 de 1936, el Observatorio Astronómico fue incorporado a la Universidad Nacional de Colombia. Álvarez Lleras fundó la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales y creó además la revista del mismo organismo. En los primeros números de la misma se publicaron muchos de los trabajos de Garavito, que hasta entonces estaban inéditos. A causa de su precaria salud, Álvarez Lleras presentó renuncia a su cargo en 1949. En su reemplazo fue nombrado como director el ingeniero Belisario Ruiz Wilches (1887-1958). Bajo su dirección se construyó el Observatorio de la Ciudad Universitaria en 1952. Para este nuevo observatorio se compró un telescopio refractor apocromático de 4 elementos de 20 cm de abertura y 3 metros de distancia focal, el cual ya había sido utilizado en el Observatorio de Marsella, Francia.

Con la muerte de Ruiz Wilches en 1958, es nombrado en su reemplazo el ingeniero Jorge Arias de Greiff, quien fue director del Observatorio hasta mediados de 1998. Entre 1974 y 1980 la dirección estuvo a cargo del ingeniero Eduardo Brieva Bustillo. Luego la dirección del departamento ha pasado a manos de los profesores Benjamín Calvo Mozo, Mario Armando Higuera Garzón y William E. Cepeda (q.e.p.d.) y Juan Manuel Tejeiro. En la actualidad la dirección está a cargo del profesor Jose Robel Arenas.

En 1969, con la creación del Plan Quinquenal de Desarrollo de la Universidad se comenzó un estudio para instalar un observatorio astronómico moderno como estación remota, mediante un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo. La condición del organismo de dar prioridad a los proyectos con beneficio a corto plazo echo por tierra la iniciativa. En 1979 existió la posibilidad de reanudar el proyecto pero esta vez por intermedio de un intercambio comercial con la República Democrática Alemana. Bajo la presidencia de Virgilio Barco, el proyecto, que se hallaba en un avanzado estado, se canceló.

En la actualidad el Observatorio está a nivel de Departamento adscrito a la Facultad de Ciencias, sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia. Realiza labores de investigación, docencia y extensión. Administra la maestría en Astronomía, único programa de posgrado en Astronomía en el país. En época reciente el Observatorio tuvo como profesores e investigadores a las siguientes personalidades: Clemente Garavito (q.e.p.d), Miguel Ibañez, quien fue director del Posgrado de Astrofísica de la Universidad de los Andes de Mérida, Venezuela, pensionado en la actualidad; Vladimir Garrido, quien trabaja actualmente en el Observatorio Astronómico Nacional de Rio de Janeiro, Brasil, Guillermo Díaz Santanilla, actualmente en Alemania y Alberto Rodríguez-Ardila, actualmente en el LNA en Brasil.

miércoles, 13 de julio de 2011

El cartucho recuerdo de un olvido.

La Calle del Cartucho o el Cartucho es el nombre dado al antiguo barrio de Santa Inés. Esta localizado en la ciudad de Bogotá, en Colombia. Pertenecía a la localidad de Santa Fe. Su nombre proviene de la flor del cartucho que estaban en los jardines de las casas del Barrio Santa Inés. Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los habitantes que lo habitaban se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir.
En 1960, la instalación de un centro comercial popular en San Victorino, especializa a este sector en el comercio informal. En esta época en El Cartucho se inicia la venta y luego el consumo de droga, actividades que marcan el comienzo de una etapa de re poblamiento del lugar en que se profundiza la fragmentación y el aislamiento del sector. Por las mismas causas, en la década de los setenta y ochenta aumenta progresivamente el deterioro de la zona. En 1980 El Cartucho es declarado zona de conservación arquitectónica, razón por la cual se lleva a cabo un intento de recuperación del lugar, que provocó el abandono de comerciantes y propietarios, facilitando el incremento de la venta de droga.

El Cartucho se convierte en refugio de pequeños capos provenientes de Medellín –a raíz de la muerte de Pablo Escobar en 1993– y de la población desalojada del Bronx –un lugar de consumo ubicado al occidente en Bogotá–, lo que originó enfrentamientos por el control territorial del lugar. La conjugación de elementos como el mercado de la droga, el control ejercido por los pequeños capos sobre la población, la debilidad o inexistencia de tejido social y los diferentes tipos de violencia hacen más deplorables las condiciones de vida y agudizan allí la exclusión social.
Llegada la década de 1980 el barrio empezó a ser invadido paulatinamente por traficantes de droga (conocidos como jibaros), indigentes, prostitutas y delincuentes lo que lo convirtió en uno de los barrios mas peligrosos donde se practicaban asesinatos, trafico de drogas, mutilaciones y otros crímenes que pasaban desapercibidos ante todas la ciudadanía y donde la policía rara vez entraba y las casas y bodegas debido a su gran descuido fueron deteriorándose ya mediados de la década de 1990 la zona era impenetrable e irrecuperable. El Cartucho se convirtió en un tenebroso mito urbano de la capital. Como Barrio Triste en Medellín o la ‘antesala del infierno’ en Cúcuta, numerosas leyendas e historias se tejieron alrededor de la vida en esa calle. Lo cierto es que, además de la actividad delincuencial, la zona de El Cartucho cobijaba a unas 10.000 personas entre residentes, habitantes de la calle y empleados de los negocios. En lo que a partir de junio será el parque Tercer Milenio no sólo trabajaban los tradicionales recicla dores y sus bodegas, también convivían papeleros, repuesteros, vivanderas, impresores de artes gráficas, ropavejeros, cachivacheros y herramienteros. Trescientos sesenta pasos separan la Casa de Nariño, sede del Presidente de Colombia, de la entrada oriental de la calle de El Cartucho, un conjunto de cuadras sinónimo de degradación, delincuencia y violencia. Por más de 40 años este sector del barrio Santa Inés ha estado en la mira de los urbanistas para su recuperación y rehabilitación. Sin embargo, sólo hasta la administración de Enrique Peñalosa, el gobierno distrital creó la empresa de Renovación Urbana para desarrollar el proyecto que acabaría con El Cartucho: el parque Tercer Milenio.
Con la llegada de Jaime Castro, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa se decidió recuperar esta junto con otras zonas de Bogotá y este ultimo logró el objetivo; con la enorme crisis de inseguridad que se propiciaba y por lo que se decidió demoler todo el barrio para construir en su lugar el Parque Tercer Milenio, sacar de la vida infrahumana a sus habitantes y darle un nuevo rostro a la ciudad.1 A pesar de los disturbios generados por la demolición y la no reubicación de sus habitantes, el Parque se inauguró en el año 2000.

martes, 12 de julio de 2011

"Es dulce y decoroso morir por la patria"



No fue sino en 1850 que se planteó por primera vez levantar un monumento en la Huerta de Jaime. En ese entonces la Provincia de Bogotá, por medio de su Cámara de Diputados, expidió el 23 de octubre la ordenanza 112, “sobre honores á la memoria de los mártires de la Independencia”. Considerando que la Huerta de Jaime había sido uno de los escenarios donde se había efectuado la represión del “Régimen del Terror”, se declaró que de ahora en adelante la plaza dejaría de ser “de Jaime”, para ser la “Plaza de los Mártires”. El artículo segundo de la ordenanza especificaba cómo debía ser el monumento:

“En el centro de la Plaza de los Mártires se levantará una modesta columna de piedra de sillería, en la cual se inscribirán los nombres de los Próceres de consagración pública que allí murieron sacrificados por su amor á la Independencia de América, y á continuación la siguiente inscripción:
La Provincia de Bogotá honra su Memoria”

Sin embargo, esta ordenanza no se cumplió, y no fue sino hasta inicios de la década de 1870 que el proyecto del monumento volvió a ser de interés. Establecida ya que la fecha de la Independencia Nacional sería el 20 de julio, la Municipalidad de Bogotá promovió un acuerdo donde se autorizaba a la Comisión del Aniversario Nacional para la construcción del obelisco. Fue precisamente el 20 de julio de 1872 que el presidente de la República Manuel Murillo Toro colocó la primera piedra, en medio una procesión solemne que partió de la Plaza de Bolívar y que incluía cuerpos militares, música, la presencia de funcionarios públicos y eclesiásticos, junto con una gran concurrencia de todas las clases sociales.

A inicios de 1880 el monumento estaba concluido, y el 4 de marzo de ese año fue inaugurado solemnemente por el presidente Julián Trujillo, mientras se entonaba “un himno cantado por mil niños de uno y otro sexo de las escuelas oficiales y para el cual se inspiró el profesor Sindici”. Recordemos que fue Sindici el que le dio letra a nuestro himno nacional.

El monumento original consistía en un obelisco compuesto de una aguja de 17 metros de alto que descansaba en un “dado” labrado. El conjunto estaba apoyado en una base amplia de piedra, que inicialmente también servía de base para 4 esculturas alegóricas de 2 metros cada una, ubicadas en los ángulos del monumento, y que representaban a la Libertad, la Gloria, la Paz y la Justicia. Al mismo tiempo, se grabaron en placas de mármol los nombres de los principales mártires que murieron entre 1816 y 1819 –aunque no todos los nombrados fueron fusilados en la Huerta-, colocando en espacios de honor los nombres de Policarpa Salavarrieta, Camilo Torres, Francisco José de Caldas y Antonio Baraya. También se ubicó en uno de los lados de la aguja la siguiente frase del poeta romano Horacio: “Dulce et decorum est pro Patria mori”, que significa “Dulce y honroso es morir por la Patria”.

Según José Caicedo Rojas, uno de los primeros en publicar una reseña del monumento en la revista de entonces llamada “El Repertorio Colombiano”, el artista que elaboró el monumento era un italiano de apellido Lambardi. En la misma reseña Caicedo Rojas resalta dos cosas: la concurrencia “desde los hombres de alta posición, desde los prelados y extranjeros, hasta el artesano y el estudiante”, que visitaban el entonces tercer monumento público existente en Bogotá –los otros dos eran las estatuas de Bolívar y Santander-; y el atractivo que ejercía “en un ámbito tan espacioso como el de la plaza de los Mártires, que no está formada ó rodeada por grandes y altos edificios, y que se halla situada en las afueras de la ciudad con vista al amplio horizonte de la sabana”.

También le parecieron muy acertadas las estatuas, que consideraba “bellas, no sólo por su estructura y corrección (…) sino también por la gracia en las actitudes y expresión y vida que el artista ha sabido darles felizmente”. El monumento permaneció hasta inicios del siglo XX, cuando se terminaron las obras de ornato y algunos jardines, y al conjunto espacial se agregó la Iglesia del Voto Nacional, edificada como un símbolo de paz y de concordia entre los colombianos después de la última guerra civil. Así, el pasado, trágico pero glorioso, representado en el monumento a los mártires de la Independencia, se unía con el voto de unión que buscaba la paz de los colombianos a partir de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús. El sacrificio por la Libertad, la Gloria, la Justicia y la Paz, debía dar de una vez por todas, los frutos de la unión entre todos los colombianos.

El crecimiento de la ciudad hacia el occidente favoreció la conservación del monumento, aunque éste sufrió modificaciones. Para 1938, cuando la capital conmemoraba sus 400 años de fundación se señalaba que las estatuas alegóricas habían sido removidas y trasladadas al entonces pueblo de Bosa, “y en su reemplazo se colocaron cuatro candelabros de piedra, con figuras de animales y de tamaño desproporcionado”. Después tales candelabros también se desmontaron.

La posterior transformación de la ciudad afectó al monumento. El detrimento de las condiciones del lugar y los problemas sociales que aquejan a la localidad en general hicieron cierta mella en el monumento en particular, que se veía descuidado, sucio, poco atractivo a la vista. Tanto es así, que aún hoy en las guías turísticas de Bogotá no se recomiendan como lugares para ver ni el Monumento de los Mártires ni la Iglesia del Voto Nacional, que representan momentos importantes de nuestra vida republicana. Se espera que la restauración llevada a cabo durante este año por parte de la Alcaldía Local y el Ministerio de Cultura, e inaugurada solemnemente en diciembre de 2008, pueda darle un respiro de solemnidad, pero al mismo tiempo de familiaridad al espacio. Así que tengamos en cuenta una vez más, lo que dijo Caicedo Rojas en 1880, quien esperaba “que el nuevo y costoso monumento no venga á ser un inri de nuestra desidia y abandono”.